Cae la lluvia, y la tarde, miro por la ventana, la gente va, hay chicas que se mueven aprisa, al encuentro de su propia vida; la circulación es densa, suben hasta mí los humos propios de los metales chocando; es el centro de la ciudad, Oaxaca, la combativa, la ardorosa.
Ya se escuchan la estridencia de los galpones, simulados bares; hay movimiento, son los cuerpos que se buscan incansablemente, la necesidad de saberse vivos.
Ya empiezan los grupos de adolescentes a pavonearse por las calles; es hermosa esa masa.
En la esquina una pareja indecisa no define a donde dirigirse, las posibilidades son muchas, trova, salsa, rock, el pretexto perfecto para la exhibición y el deseo. En la plaza la marimba, intuyo.
Supongo que como de costumbre asediadas extranjeras con el “nou gracias” en las bocas se alejan de esa jauría de chacales.
Son los tumultos también, propias de la temporada, trasnochados visitadores en busca de tradición y costumbre, pobres, si supieran que todo es simulado.
En el límite el plantón y la militancia, la protesta histórica, ayer, la guerrilla urbana, el alza al transporte, la Uabjo en su época heroica, el zapatismo, hoy el magisterio, la appo y el epr, que importa lo que venga mañana, toda expresión disidente es aplastada. La humedad de la tarde no permite que mendigos y trovadores se instalen en las baldosas del andador turístico, una lluvia intolerante, lluvia panista, pienso, Imagino Santo Domingo ahora, ya llegan los adolescentes bobos y bellos, bellas las adolescentes, la necesidad de ser diferente, son emos y roqueros, fresas los más, se agolpan y conspiran ingenuamente, fuman frenéticamente con aires de perdonavidas los varones, ellas como Paris Hilton, otras no.
Encamino ahora estos pasos imaginarios en sentido contrario, bajo por Cabrera, los puestos que ya recogen su barata mercancía, discos apócrifos, bisutería china, el sector apesta. Doblo en Zaragoza, prostitutas, indigentes y teporochos, Diana, debe llamarse así, viste un vestido corto, esta a la entrada del Somega, se ve linda, debí haber preguntado algo, no estoy allí, recuerdo. Están Lupe y María entrada en años, que importan los nombres, son una y la misma, la raza pura esta ya derrochando la semana de paga en el “dos de oros”, escucho sus gritos, hay tensión, siempre hay tensión allí, yo debería estar en ese sitio, considero.
La central de abastos es demasiado para mí, regreso por Díaz Ordaz, doblo por Independencia, miro a una chica linda andar a prisa, es de Boston supongo, tiene un aire que la revela intensa y empeñosa, se ha detenido a estudiar una pared plagada de esténcil; sigo de frente por la alameda y los clowns congregan multitudes que ríen como escapando de algo. La catedral me intriga, nunca he entrado confieso.
Sigo a un grupo de jóvenes malandros, me miran, creo que los intimido, el colmo.
Ya es noche cerrada, el agua sobre el suelo empieza a secarse, una niña de la mixteca ofrece chicles y cigarros, recuerdo que tengo uno entre los dedos, mi mirada ya se recupera, regresa hasta éste punto desde donde miro a la gente que va, hay chicas que se mueven a prisa, al encuentro de su propia vida. Creo que la noche puede ponerse bien, necesito ya un mezcal, alcanzo la calle a toda prisa……
Javier Alonso Criollo.