Amanece
azulado, azuloso en mi ventana, fresco, inusual para un estado como el nuestro.
Hay confort en mi por las mañanas, nunca entiendo a que se debe pero así es,
hay algo muy temprano que me hace querer estar vivo, luego rápido se escurre la
mañana, el sol calienta la diminuta habitación en la que habito, se desborda
amplia una urgencia sobre mi cabeza, algo pende sobre mí que me amenaza. Le doy
la vuelta, la esquivo cinco, veinte veces. Pero hay un ansia por la tarde ya ingobernable.
Se me apuran las paradojas, y sube cierto y añejo un amor incontenible. Pero es
un amor sin equilibrio, sin respuesta, cae la tarde y le pongo una calza a este
estar de bordes afilados, de puntas
gruesas y ya parejo esquivo esta urgencia a medias. Hay luego una noche joven
que me altera, me enferma, que refirma
un sudor de manos, luego las calles,
esos cuerpos que miro apurar el paso por la ventana. Me les sumo entonces y me
disgrego luego.
Javier
Alonso Criollo
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